El camino al éxito de dos
leyendas por todo el mundo.

Roland Feix o una interesante vida dedicada al Unimog.

A Roland Feix le brillan los ojos cuando habla del Unimog. No es de extrañar, pues la vida de este hombre de 93 años está estrechamente ligada al vehículo de Mercedes-Benz. Juntos han vivido un sinfín de aventuras, por ejemplo, una operación de rescate en los Andes a más de 4.000 metros de altitud. Sin embargo, ya su primer encuentro con el Unimog le puso la piel de gallina. Una agitada historia contada por Roland Feix cuando le conocimos con motivo del 75 aniversario del Unimog en el museo Unimog de Gaggenau.

Un trabajador orgulloso de la fábrica de maquinaria de los hermanos Boehringer.

Tras huir de los Sudetes, Roland, que por aquel entonces tenía 21 años, hizo una pasantía en Marktredwitz en marzo de 1949. La casualidad quiso que un conocido le mostrara un folleto que cambiaría su vida para siempre. En él se mostraba un nuevo modelo de vehículo: un aparato motorizado universal, el Unimog. Roland Feix, al que le interesaba la tecnología, quedó fascinado y solicito de inmediato un puesto en la fábrica de maquinaria Boehringer.

Pese a que Roland Feix recibió por correo la propuesta que tanto esperaba de hacerle una entrevista, se enfrentaba al mismo tiempo a un problema: ¿cómo iba a llegar hasta Göppingen sin prácticamente nada de dinero? Armado de motivación, se decidió a ir en bicicleta y recorrió los 400 kilómetros de distancia. La decisión resultó merecer la pena, pues tras una breve conversación, Roland Feix dio el apretón de manos que confirmaba su contratación. Poco después, el 4 de julio, comenzó su trabajo en fábrica de maquinaria Boehringer como montador. «Esa fecha», dice orgulloso hoy con 93 años, «no la olvidaré jamás». Ahora se fabrica ya el 23.º Unimog.

De espectador en la línea de montaje a realizar demostraciones en todo el mundo.

Lo que siguió es una carrera sin precedentes vinculada al Unimog desde el principio. «Primero tuve que conocer bien el vehículo. Tanto el cambio como los ejes pórticos eran totalmente nuevos», explica Roland Feix. «Para ello, pasé unos cuantos meses en la línea de montaje antes de que me permitieran hacer mis primeras demostraciones de vehículos».

Además de la tecnología del vehículo, el futuro encargado de las demostraciones estaría al frente también del área central de responsabilidad del Unimog. «No tenía ni idea de agricultura, pero Erich Grass, agrónomo, fue un gran maestro», recuerda Roland Feix. «Me acompañaba a las demostraciones y me enseñaba, por ejemplo, cómo arar. Así, me familiaricé en profundidad fondo con los desafíos de la agricultura».

Esta experiencia constituyó la base de la actividad de Roland Feix pues, con sus demostraciones, tuvo la oportunidad de acompañar al Unimog en su camino de éxito: primero en Alemania, luego en Europa.

Un nuevo hogar para el Unimog, y una estrella.

Con el creciente éxito del Unimog, la demanda superó la oferta de Boehringer. La causa del cuello de botella: el montaje estático. Al contrario que una cinta de montaje, este solo permitía producir tres Unimog simultáneamente. «Por eso, a finales de los años 50, la producción se trasladó de Göppingen a Gaggenau», cuenta Roland Feix de primera mano. En su opinión, Daimler-Benz era la decisión correcta para hacer posible la fabricación en grandes series. El motor ya era de Mercedes y algunos empleados del equipo que estaba trabajando en el primer Unimog venían de Daimler».

Tenía una gran pasión por el Unimog. Así que pronto estuvo claro que yo también me iría a Gaggenau.

Roland Feix, pionero del Unimog

Sin embargo, desde su perspectiva personal, la cosa no estaba tan clara para el joven desde el principio: «Trasladarme no fue una decisión fácil para mí, pues me sentía muy a gusto en la empresa Boehringer, una empresa familiar», cuenta Roland Feix. «Pero mi pasión por el Unimog era más fuerte. Así que pronto estuvo claro que yo también me iría a Gaggenau, donde el éxito del Unimog estaba despegando».

Abierto a los cambios.

De que en su día tomó la decisión correcta es algo de lo que hoy Roland Feix está seguro. Y también de qué fue lo que sentó la base de su fascinación por el Unimog: «Todo el concepto del Unimog me entusiasmaba. Antes, existían camiones y tractores, o trenes con remolque para las labores del campo. Como vehículo para varios usos, el aparato motorizado universal sustituyó al tractor por completo», dice con los ojos brillantes de entusiasmo. «Además, con 50 km/h, tenía la ventaja de ofrecer transportes más rápidos y, gracias a la caja de carga, las tareas de transporte menores podían realizarse incluso sin remolque. Podíamos accionar aparatos, en la parte delantera y trasera. En mi opinión, esto era algo muy innovador para la agricultura y hacía que las demostraciones con el Unimog fueran una tarea muy divertida para mí».

Tan versátil como el Unimog.

Tras sus primeras demostraciones en Alemania, Roland Feix se subió al escenario internacional: las primeras visitas a España, Austria y Finlandia fueron extraordinarias para el joven. Pero hubo un trabajo que le sorprendió todavía más: «Mi jefe de la época se me acercó y me preguntó: "Señor Feix, ¿puede ir a Argentina durante dos meses?" No pude sino aceptar la oferta... Y con total entusiasmo».

Sin embargo, el talentoso vendedor pronto se dio cuenta de que la agricultura no sería el ámbito de aplicación principal del Unimog en el vasto país sudamericano. «Por aquel entonces, los extensos pastos de Argentina no se trabajaban de forma sistemática ni intensiva. Y realmente el Unimog está destinado a esa labor», recuerda Roland Feix. «Por eso, me dediqué a pensar las áreas en las que podría aprovecharse mejor el vehículo».

No dejaron de ponerle a prueba por sus ideas, por ejemplo, en una demostración en 1952, cerca de Mendoza. En aquel momento, un grupo de esquiadores había desaparecido en los Andes. Por petición de sus anfitriones argentinos, el alemán debió participar en la búsqueda de los desparecidos a 4.000 metros de altitud: su oportunidad para demostrar la superioridad del Unimog en las montañas.

Roland Feix aceptó el desafío y puso rumbo a los Altos Andes con un conjunto formado por dos Unimog con cadenas para nieve, cabrestante y ruedas gemelas. El mayor peligro eran las profundas grietas en el hielo. «Por eso, le dije a la tripulación del segundo Unimog que se mantuvieran siempre al menos 50 metros por detrás de mí. Así, si me hundía, tenía detrás un punto fijo para sacarme con el cabrestante, y viceversa», cuenta Roland Feix recordando la aventura. Cerca de la frontera con Chile, en la Laguna del Diamante, el equipo de rescate encontró finalmente el equipo de los desaparecidos pero, por desgracia, no se encontró a los esquiadores.

El Unimog de alta montaña establece un nuevo récord mundial de altitud en Chile.

Sin embargo, Roland Feix había demostrado que el Unimog era fiable en condiciones extremas. Ese fue la clave de su éxito con el Unimog desde el principio: identificar problemas y encontrar soluciones. Así fue como convenció a numerosas empresas y sectores en casi toda Latinoamérica: «Bomberos, agricultores y empresas forestales, petroleras, compañías ferroviarias o aeropuertos: traté con todo tipo de personas. Fue un trabajo increíblemente interesante que me apasionó».

Una vida por y para el Unimog... También en el ámbito privado.

Al otro lado del mundo, Roland Feix no solo encontró un trabajo, sino también un hogar. Formó una familia y lo que en un principio iban a ser dos meses en Sudamérica, terminaron siendo 15 años.

Finalmente regresó a Alemania con su esposa y tres hijos en 1967. El uso de jets redujo tanto el tiempo de viaje que pudo cumplir con su labor comercial en Sudamérica desde Gaggenau y encargarse también de España y Portugal. Al mismo tiempo, al actuar como nexo, trabajó más cerca del área de Desarrollo y contribuyó de forma importante con los conocimientos prácticos obtenidos en los campos de aplicación.

Cuando comencé a colaborar con el club de carnaval, utilizamos un Unimog con remolque para los traslados, lógicamente.

Roland Feix, aficionado al carnaval

Tres su regreso a Gaggenau, el entusiasmo de Roland Feix por el Unimog creció más allá de las puertas de la fábrica. Como participante activo de la fiesta del carnaval, tampoco se olvidó de su vehículo favorito para esta afición: «Cuando comencé a colaborar con el club de carnaval, utilizamos un Unimog con remolque para los traslados, lógicamente», dice sonriendo. «Desde entonces, pasó a formar parte del carnaval».

Finalmente, tras 44 años, Roland Feix comenzó su merecida jubilación en 1993. Sin embargo, nunca se desvinculó del Unimog pues, como socio fundador del club Unimog de Gaggenau y persona de contacto activa del museo Unimog, continuó interesándose por el todoterreno de Mercedes-Benz incluso en la vejez. No es de extrañar, por tanto, que el apasionado no se quiera perder la gira por el 75 aniversario del Unimog.

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