Con el Unimog fluye la energía eléctrica.

Los Unimog U 530 y U 430 se ocupan de que la red se mantenga.

La empresa ED Netze utiliza el Unimog para elevar a los instaladores de líneas aéreas, retirar postes podridos, cavar agujeros profundos e instalar nuevos postes de material compuesto.

En las alturas con la grúa Palfinger.

El sistema hidráulico de la grúa Palfinger solo tiene que empujar hacia arriba la última prolonga unos cuantos centímetros para que Michael Leiber pueda ponerse manos a la obra en la jaula de trabajo. La línea de 20 KV lleva ya mucho tiempo desconectada y puesta a tierra. El técnico de montaje retira las fijaciones con unas cuantas maniobras y suelta los conductores de los aislantes. Hoy es el turno de este poste. Hay que cambiarlo por lo que se conoce como un «poste de madera de sustitución». El controlador ha determinado que se encuentra podrido marcándolo con la chincheta roja habitual.

«No es tan antiguo. Pero como hoy en día se evita utilizar aditivos químicos, se ha infectado con hongos. La resistencia a la intemperie tampoco es lo que era», explica Dirk Umland, coordinador del equipo formado por nueve instaladores de líneas aéreas de ED Netze GmbH, de Baden del Sur. La mayoría se cambian al cabo de diez años. Entonces Thomas Quast debe ponerse manos a la obra con la sierra de cadena, que se hace con la madera antigua en un abrir y cerrar de ojos. El extremo alargado cuelga brevemente de la grúa, que suelta con cuidado sobre la alta hierba el poste en mal estado junto con los aisladores de porcelana. «Los aislantes no se desechan, sino que se reutilizan después de comprobarlos».

Unimog U 530 equipado con cucharón de dos almejas.

El operario Thomas Quast excava el agujero para el nuevo poste tras retirar del suelo el tocón de madera con el nivel de presión. Para ello, se ha incorporado una excavadora Ematec en el U 530 verde, que forma parte de la flota de la empresa desde finales de 2015 junto con el U 430, algo más corto. Con el cucharón de dos almejas, que se endereza a la perfección gracias al motor rotativo, el agujero gana profundidad rápidamente.

El mecánico de líneas aéreas excava la tierra con precisión, y sus compañeros miden constantemente la profundidad, comprobando si ya se ha alcanzado la necesaria: Una sexta parte de la longitud del poste: eso prescribe la ordenanza. Al fin, terminan: El nuevo poste de 225 kilos se yergue con cuidado por medio de la grúa de carga hidráulica. Con el control por radio cuádruple, el operario desplaza mediante ganchos el poste de acero con la parte superior reforzada por fibra de vidrio de la manera más exacta posible hasta la posición deseada. El nuevo consta de dos partes: la parte inferior es de acero, en la parte de arriba se inserta un tubo cilíndrico de plástico reforzado con fibra de vidrio. El diseño está concebido para proteger a las aves, así como para conectar travesaños.

Pese al equipamiento de alta tecnología, las mediciones son analógicas.

Ahora se mide de forma totalmente analógica: Thomas Quast comprueba varias veces la posición de montaje con una plomada. Su compañero Siegfried Müller debe ajustar un poco más la grúa, que se encuentra siempre estable gracias a sus cuatro apoyos, hasta que Quast quede satisfecho. Después hay que llenar de tierra la cavidad, y el recién llegado Benedikt Baumann puede demostrar su «fuerza» con el compactador manual de accionamiento neumático. Poco a poco, va «creciendo» la capa de tierra alrededor del nuevo poste. El compactador maniobra durante media hora, y después el nuevo poste queda firme como una torre. Siegfried Müller repliega de nuevo la grúa Palfinger de seis prolongas y otra vez hay que colocar la jaula de trabajo, pues todavía tienen que montar los cables.

El volumen de trabajo es de unos 800 postes al año.

El encargado de mantenimiento comprueba cerca de 800 postes al año y, en caso necesario, aplica vendajes de plástico espumoso y una cubierta plástica impregnada en sal. «Para que el poste y el suelo estén aislados el uno del otro», aclara Müller. Además, realiza regularmente revisiones de los postes y de los conductores. Normalmente, este equipo de cuatro personas cambia dos postes al día y, en total, se cambian unos 250 al año en todo el área de la red.

En la jaula de trabajo del Unimog, los técnicos de montaje flotan en las alturas con seguridad.
Dúo de grúas: al instalar los postes de electricidad, la buena interacción entre el Unimog y sus operadores resulta muy positiva.
Fin de la jornada laboral en la planta eléctrica, donde todavía hay muchos postes esperando a ser instalados.
En la jaula de trabajo del Unimog, los técnicos de montaje flotan en las alturas con seguridad.
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700 kg de carga portante con la máxima extensión.

Hoy por la tarde, a Siggi Müller le han encargado un trabajo adicional con el U 430: hay que montar un interruptor seccionador en un poste entre dos puestos de conmutación a unos kilómetros de distancia, ya que próximamente habrá que ampliar la red eléctrica en ese lugar.

El interruptor seccionador es muy pesado, se acciona mecánicamente desde abajo por varillaje del cambio y cuenta con tres cámaras de extinción del arco separadas, que impiden que se produzca un arco voltaico en caso de conmutación gracias a un aceite especial. En primer lugar, tras la notificación de disponibilidad, se coloca la bandera verde de forma bien visible, que significa «sin tensión». Para ello se necesitan los 17 metros de altura de carga de la grúa en su totalidad, ya que el poste de hormigón es mucho más alto que el de madera que acaban de instalar. Asegurados mediante los cuatro apoyos hidráulicos, Alfred Hornung y Thomas Bäurer comienzan el ascenso en la jaula de trabajo; el telemando se maneja cómodamente desde ella. La grúa de carga cuenta con cerca de 700 kg de carga portante incluso estando totalmente desplegada, y la jaula de trabajo para dos personas alcanza los 200 kg. Ambos trabajan concentrados en las uniones roscadas, el cable sigue todavía a los pies del poste. El U 430 también completa esta tarea con éxito.

Al volver a las instalaciones de la empresa, queda claro que a los dos Unimog están lejos de quedarse sin trabajo. «Entre Radolfzell y Feldberg todavía quedan unas cuantas chinchetas rojas», dice Umland amargamente. «Pero por hoy hemos terminado».

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